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Museos

Puede que esto suene un poco snob, pero estoy algo harto de ver Galerías Nacionales, Museos de Bellas Artes y Palacios Reales. La sensación empezó durante mi estancia en Estados Unidos, donde visité todos los museos que pude en Nueva York, Philadelphia, Washington y Boston, y ahora mismo me sería totalmente imposible diferenciarlos unos de otros. En los últimos años he visto, que recuerde: el Museo de Bellas Artes y el Guggenheim de Bilbao; el Prado, el Reina Sofía y la Galería Thysen de Madrid; el British Museum, la National Gallery, la Tate Gallery y la Tate Modern de Londres; el Louvre y el Musee d’Orsay de París; el Metropolitan, el MoMA, el Gugenheim y la Frick Collection de Nueva York; la National Gallery de Dublín y la de Edimburgo; el Rijksmuseum de Amsterdam…

Por supuesto, en muchos de estos museos hay obras magníficas que me impresionaron en su momento, y que no me importaría nada volver a ver: las salas de Velázquez en el Prado; los Turner de la Tate Gallery; las salas africanas del Metropolitan, casi todo el Musee d’Orsay… Pero la idea de ver un museo o una pinacoteca más, con sus indispensables Rubens, Grecos, Picassos, y Canalettos me aburre por anticipado. Por eso (y por falta de tiempo) no fui al Museo de Bellas Artes en Bucarest, ni he ido estos días al de Bruselas.

En cambio, hay otro tipo de museos que me siguen atrayendo. Por ejemplo, los Museos de Arte Contemporáneo me interesan, aunque muchas veces salga de ellos de mala leche; también los de Historia y Arqueología, los “Museos de la Ciudad” o los “Museos de Escritores”… Y también, museos de artistas específicos que no se pueden ver en otra parte: el Museo Van Gogh en Amsterdam, el Museo Rodin en París, el Museo Magritte en Bruselas… De hecho, este último, y el Centro Belga del Comic, son los dos únicos museos que he visto estos últimos días.

¿A alguien más le pasa esto, o es solo cosa mía?

Símbolos

Me gusta mucho Eduardo Galeano para sacar textos para mis clases y exámenes de español. Tiene un estilo bastante sencillo, que los alumnos comprenden bien, pero al mismo tiempo es irónico, crítico y poético, y ofrece una visión de la realidad que sorprende y provoca a los alumnos. Este es el texto que utilicé para el examen final del curso de “Análisis de Texto” en Constanza:

NEGOCIO. «Esta guerra será larga», ha anunciado el presidente del planeta. Mala noticia para los civiles que están muriendo y morirán, excelente noticia para los fabricantes de armas. No importa que las guerras sean eficaces. Lo que importa es que sean lucrativas. Desde el 11 de septiembre, las acciones de General Dynamics, Lockheed, Northrop Grumman, Raytheon y otras empresas de la industria bélica han subido en línea recta en Wall Street. La bolsa las ama.

Como ya ocurrió durante los bombardeos a Irak y Yugoslavia, la televisión rara vez muestra a las víctimas: está ocupada exhibiendo la pasarela de los nuevos modelos de armas. En la era del mercado, la guerra no es una tragedia, sino una feria internacional. Los fabricantes de armas necesitan guerras, como los fabricantes de abrigos necesitan inviernos.

HOLLYWOOD. La realidad imita al cine: todo estalla, los niños reciben misiles de la película Atlantis en la cajita feliz de McDonald’s, y es cada vez más difícil distinguir entre la sangre y el ketchup.

Ahora el Pentágono ha encargado a algunos guionistas de cine y expertos en efectos especiales que ayuden a adivinar los nuevos objetivos terroristas y que también imaginen la manera de defenderse. Según la revista Variety, uno de los que está en eso es el guionista de Duro de matar.

ARMAS. Un portaaviones estadounidense, el Nimitz, se acercó a nuestras costas por un día. La visita me preocupó, porque en mi barrio hay un edificio que tiene todo el aspecto de una mezquita, y con los misiles inteligentes nunca se sabe. Afortunadamente, no pasó nada. O casi nada: unos cuantos políticos compatriotas fueron invitados a conocer el portaaviones, flotante ciudad de la muerte, y casi se matan. El avión que los llevaba aterrizó mal y quedó con un ala en el agua.

Gracias a la visita, nos enteramos de que este portaaviones ha costado 4.500 millones de dólares. Según los cálculos de Unicef y de otros organismos de las Naciones Unidas, con tres portaaviones como el Nimitz se podría dar comida y remedios, durante un año, a todos los niños hambrientos y enfermos del mundo, que están muriendo a un ritmo de treinta y seis mil por día.

Eduardo Galeano: “Símbolos”

Se busca Wifi

Mientras paseo por Bruselas haciendo tiempo hasta que empiece el Congreso de Edición al que he venido, prometo mentalmente entregar mi corazón -y mi dinero- al primer café que me ofrezca wifi gratuito. Doy vueltas por el barrio del Parlamento Europeo, confiando en que, en un barrio con tanta gente importante, el wifi abunde. Pero no. Pasan los minutos y las horas, y nada. Al final, en un mini-restaurante cutrillo me dan wifi, un bocadillo de bacon y un cafe au lait con un pastelillo de coco que está buenísimo (el pastelillo, no el café).

Además de mi habitual adicción a internet, hay un motivo racional por el que necesitaba conectarme: porque nadie, ni en el hotel (donde el recepcionista no era especialmente amable), ni en Información y Turismo, habían podido confirmarme si la “Royal Academy of Science and Arts” que aparece en el programa como sede del congreso es lo mismo que el Palais des Academies que aparece en mi mapa.

Que por cierto, sí son lo mismo. Y por cierto, por el camino he descubierto un “Museo Magritte” al que le he prometido (mentalmente) una visita.

Durante mi viaje en autobús de Constanza a Bucarest pusieron una película en rumano en la que la “ruleta rusa” jugaba un papel importante -pero con una variante: en este caso eran dos las personas apuntándose con pistolas mutuamente a las sienes, y apretando el gatillo al mismo tiempo. Si con una bala en cada pistola ninguno de los dos moría, se añadía otra bala más a cada pistola, y así, hasta que una (o las dos) pistolas se disparaban -sí, era una película bastante rara.

Así que, como no me estaba enterando de nada de la película, y era de noche y las luces interiores del autobús estaban apagadas y no podía leer, me puse a intentar hacer macabros cálculos de probabilidades como estos:

  • ¿Qué probabilidades hay de que mueran los dos al primer disparo, es decir, con una sola bala en cada pistola?
  • ¿Y de que no muera ninguno de los dos?
  • ¿Y con dos balas en cada pistola? ¿Y con tres? (etc.)
  • ¿Qué probabilidades hay de que ninguno de los dos haya muerto después de llenar hasta cinco balas en el cargador (es decir: una bala – nadie muere; dos balas – nadie muere; tres balas… cinco balas – nadie muere y por lo tanto, se supone, se salvan)

Como yo soy de letras (aunque siempre me gustaron las matemáticas, que conste), yo hacía los cálculos al modo casero, es decir, imaginando cuáles eran las posibilidades válidas en cada caso, y contándolas (pondré mis conclusiones en un comentario, si queréis), pero ¿alguien que sepa de estas cosas me podría recordar cuáles son las fórmulas matemáticas que permiten encontrar las respuestas sin andar contando con los dedos?

Y dijo Dios el sexto día: “hágase la burocracia”. Y el séptimo ya no pudo crear nada, porque le faltaba el impreso sellado E1052 para la “formación seudoespontánea de nuevos entes materiales”.

1.- ¿Qué clase de investigación es esa, que va dando bandazos, abandona líneas abiertas, abre otras nuevas a cada capítulo? ¿Qué ha sido por ejemplo del tío que seguía despierto durante el apagón, en un estadio? ¿Me he perdido algo?

2.- ¿Por qué Ralph Fiennes siempre parece que está a punto de echarse a llorar?

3.- ¿De quién fue la terrible idea de inventarle una relación homosexual (cursi, inverosímil, innecesaria) a una de las investigadoras? (Y en un plano más general, ¿por qué parece que todas las series actuales se esfuerzan hasta lo ridículo por introducir personajes gays o bisexuales?)

4.- ¿Quién fue el genio que eligió a Charlie-el-de-Lost como malo de la serie? ¿Por qué se revela tan pronto quiénes son los “malos absolutos” de la serie, por cierto?

5.- ¿Por qué hasta el sexto o séptimo capítulo de la serie no se menciona el hecho (evidente) de que aproximadamente un tercio de la población mundial -o quizás más- debía de estar durmiendo durante el blackout?

6.- ¿Por qué algunos diálogos suenan tanto a “esto ya lo he oído yo antes”? (“That’s what I wanted. But it’s not possible any more. Not now. Not for us” ¡Por favor!)

7.- ¿Por qué John Cho no sonríe? ¿Se lo prohíbe el guión o es que tiene parálisis facial?

8.- ¿Alguien se acuerda de que esto se anució como una serie de ciencia-ficción/fantasía, o como la sucesora de Lost? ¿Qué habían fumado quienes la anunciaron como la seguidora de Lost?

9.- ¿No hay una evidente paradoja en el planteamiento mismo de la trama temporal? Si todo el mundo sabe qué va a hacer el día X a la hora Y, ¿no está claro que saberlo ya ha alterado el futuro, y que por lo tanto es imposible que ese futuro se cumpla?

10.- ¿Por qué me da la impresión de que los guionistas tienen muy claro el principio de la serie, probablemente bastante claro el final, pero no tienen ni idea de cómo llenar todo el espacio que hay en medio?

Triste pero cierto: quien entra en un debate con la intención de comprender los puntos de vista de su adversario, de encontrar ideas comunes de acuerdo o suavizar posturas, probablemente terminará cediendo más que quien se mantiene cerrilmente en sus trece durante todo el debate, negándose a aceptar ningún argumento de los propuestos por el contrario.

Si durante un regateo el dependiente va bajando el precio “99, 98, 97…” y el cliente subiendo su oferta “10, 20, 30…” el precio final terminará siendo 90.

En las últimas fechas, el número de visitas a mi blog ha subido bastante con respecto a las que solía tener, por ejemplo, en Bilbao-Limerick (antes solían andar por las 50 diarias; ahora, por las 80 o 90, y hay días que pasan de las 100 ). Podría tomármelo como un halago, pensar que por fin mi palabra alcanza la resonancia que merece, que el mundo ha abierto los ojos, ha visto la luz, el camino, la verdad…

Pero no: lamentablemente, mi éxito se debe a un extraño posicionamiento en Google de una de las imágenes contenidas en este blog… una imagen que, para más inri, ni siquiera es mía. Haced la prueba: en Google imágenes buscad “mapa de Europa” (sin comillas), “mapa político de Europa” (con o sin comillas) o “mapa capitales político” (con o sin comillas), y veréis cómo este blog os aparece, en la primera página de resultados, gracias a esta entrada -la primera de la serie sobre Rumanía.

De hecho, esa entrada es la más vista del blog con diferencia: más de 400 visitas en total, frente a 55 de su inmediata perseguidora, que es… “Sobre mí mismo”, es decir, la presentación del blog que aparece en la parte superior. ¡Para esto gasto yo mi tiempo en escribir pequeñas obras maestras! ¡Ains!

Si no digo que el episodio final de la tercera temporada de Mad Men me parece uno de los mejores capítulos de final de temporada que he visto nunca, reviento. Eso es evolución de personajes y tramas, eso es recuperar el interés del espectador, eso es reinventarse una serie después de tres años.

Dicho esto, no acabo de entender a qué vienen los flashbacks a la infancia de Don, con un estilo entre melodramático y faulkneriano que no pega nada con el resto de la serie…

Carácter nacional: Dice bastante gente (gente que lleva tiempo viviendo en Rumanía) que los rumanos, en general, son personas serias y poco expresivas; sumisas, con poco carácter; reservadas. Le echan la culpa a la historia lejana (divididos, invadidos o amenazados por todas partes) y cercana (el comunismo, Ceaucescu, el miedo a las delaciones y a la Securitate…). Yo tampoco tengo exactamente esa impresión, porque he conocido a muchos rumanos enérgicos, abiertos y de risas bien sonoras -pero bueno, yo suelo ser bastante malo haciendo generalizaciones de este tipo-. Un chico rumano me decía una vez que los rumanos dudan entre dos formas opuestas de escribir la historia de su país: o son la mejor nación sobre la Tierra, inventores de todo lo inventable y siempre irreductibles, como Astérix, o son un pedacito insignificante de Europa abierto a todos los vientos, y que nunca ha hecho nada por la humanidad.

U.S. Navy: El aeropuerto de Otopeni está atestado de soldados yanquis (U.S. Marines, U.S. Navy, Air Force, etc.) Cerca de Constanza hay una base militar, que al parecer fue muy utilizada durante la guerra de Iraq, cuando Turquía se negó a ceder su espacio aéreo. Casualmente, oigo a uno de los soldados decirle a un dependiente que van a hacer escala en Irlanda, y luego se van a EE.UU. Imagino una posible ruta: Rumanía – Shannon (Limerick) – Nueva York. Como mi vida, pero al revés.

Exit teacher: Termina la última clase con el último grupo, y las alumnas (¿he dicho ya que el 99% eran alumnas?) se arrancan a aplaudir. Me río y hago una reverencia (o mejor dicho, la parodia de una reverencia). Será una tontería, pero ese momento es uno de los highlights de mi carrera como profesor de español.

Elecciones: No me he decidido a escribir un post completo sobre las elecciones presidenciales que se van a celebrar en Rumanía a finales de este mes y principios de diciembre. Me daba pereza ponerme a investigar cuáles son los partidos, quiénes los candidatos, etc. En todo caso, la sensación que se respira de cara a estas elecciones se resume en una frase que dijo Sebastian, uno de los rumanos que conocí en Bucarest: “Hay cinco candidatos a la presidencia, y lo único en lo que estamos de acuerdo todos los rumanos es en que no nos gusta ninguno de los cinco”.

Religión: No sé si he dicho en algún momento que la mayoría de los rumanos (aproximadamente un 90%) son cristianos ortodoxos. Me ha sorprendido mucho descubrir lo religiosos que son -¿por reacción contra el ateísmo forzado del sistema comunista? Por ejemplo, muchos de mis alumnos incluían en sus redacciones frases como “hay que tener fe en Dios”, “el futuro solo Dios lo conoce” o “espero que Dios nos ayude”, algo que no había visto en ningún otro país (y eso que he dado clase en Irlanda, por ejemplo, donde también son muy religiosos, al menos en teoría).

Just for men: Las chicas rumanas son, por lo general, morenas; el color de piel y de ojos varía mucho, las hay muy pálidas y muy morenas, con ojos grises y con ojos negros. Algunas guapísimas, claro, aunque tampoco es una cosa impresionante, como (dicen) en Polonia o Chequia. Por lo general, son delgadas, aunque sin llegar a la delgadez extrema. Como consecuencia, Rumanía es más un país de culos que de tetas. Y que conste que no me estoy quejando.

Just for women: Los chicos rumanos son, por lo general, muy altos y, por lo que dicen voces más autorizadas que las mías, bastante feos. No puedo opinar sobre sus culos.

Café: En el aeropuerto de Bucarest Otopeni me cobran 22 lei (¡5,50€!) por un café solo doble. Creo que es probablemente el café más caro que me he tomado en mi vida, compitiendo con uno que tomé justo al ladito de Notre Dame, en París.

Postdata: salvo imprevisto, esta va a ser la última entrada de la serie sobre Rumanía, así que si os queda alguna duda o curiosidad sobre este país, ponedla en un comentario e intentaré contestarla -aunque tampoco es que yo sea un “rumanólogo” profesional, que sólo he vivido allí un mes…

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