Rumanía (18): 1989

Estos días se conmemoran los 20 años de la caída del Muro de Berlín, y en todos los periódicos y televisiones se ofrecen retrospectivas del acontecimiento. En Rumanía, la revolución de 1989 que marca el paso del régimen de Ceausescu al sistema democrático actual, llegó un poco más tarde, en diciembre de 1989, gracias a lo que en Rumanía se conoce simplemente como “la Revolución”. Una revolución que, además, tiene una peculiaridad histórica, y es que fue filmada y retransmitida prácticamente en directo, no solo para todo el país, sino para todo el mundo.

La revolución rumana de 1989 comenzó pocos días antes de Navidad, el 17 de diciembre en concreto, en Timisoara, donde un grupo de opositores al régimen lograron entrar en el edificio del Comité de Distrito del Partido Comunista de Rumanía, en protesta por la detención de un líder religioso crítico con el régimen. La policía y el ejército respondieron lanzando gases lacrimógenos y deteniendo a algunos de los manifestantes. La situación en la ciudad se mantuvo en un caos tenso durante los siguientes días, sin que los intentos gubernamentales de negociación tuvieran éxito. El 21 de diciembre, Ceasescu, a quien la revolución le pilló de viaje, se dispuso a dar un discurso desde el balcón del palacio del gobierno en Bucharest. En este vídeo se ve lo que sucedió durante este discurso:

Como se puede ver, Ceasescu no llegó a completar su discurso. De repente, se empiezan a oír gritos, abucheos y algunas explosiones entre la multitud. Ceasescu pierde la compostura y empieza a gritar: “¡calma, calma, sentaos!”. Los disturbios pronto se extienden al resto de la ciudad, y se concentran especialmente en la Plaza de la Universidad. Los reporteros internacionales lo graban todo desde el Hotel Intercontinental, situado precisamente en esa plaza, junto al Teatro Nacional. Este es un ejemplo de lo que se veía en esa plaza ese día.

Fundamentalmente, mucha gente reunida, unas cuantas banderas; en un momento del vídeo, una tanqueta atraviesa la plaza a toda velocidad -varias personas murieron aplastadas, otras tiroteadas o a causa de los golpes de la policía y el ejército. La situación pronto se hace insostenible. El gobierno intenta calmar -de manera infantil- a los manifestantes, aconsejándoles que se dejen de protestas y se vayan a casa a celebrar la Navidad con sus familias. Comprendiendo que todo ha terminado, el matrimonio Ceasescu intenta huir, en helicóptero y en coche, pero son detenidos poco después, el mismo día 22. El juicio militar contra el matrimonio Ceaucescu, que terminó con su ejecución inmediata y fulminante, también fue retransmitido por la nueva televisión “libre” de Rumanía. No se ve el momento mismo de la ejecución, pero sí los cuerpos de los dos ancianos sangrando en el suelo, así que las imágenes hacia el final son un poco duras…

Con la muerte de Ceasescu se iniciaba una nueva era en Rumanía, una transformación hacia el modelo de democracia y capitalismo occidentales, que en cierto modo culmina en 2007 con la entrada en la Unión Europea.

Hace poco, en el blog de Jozko sobre Hungría se hablaba sobre una encuesta que revela la nostalgia del comunismo que existe entre un sector creciente de la población de la Europa del Este, o sobre el desencanto con el que ahora se recuerdan las revoluciones de hace 20 años. En el tiempo que yo he estado en Rumanía -que obviamente no es mucho-, yo no he notado en absoluto esta nostalgia del régimen anterior. Puede ser porque el régimen de Ceasescu fuese especialmente duro -en lo político y en lo económico-, o quizás porque, como me recordó Jozko, las personas con las que yo he hablado pertenecen a un sector social muy concreto (estudiantes, licenciados y profesores universitarios); habría que hacer una encuesta amplia en otros sectores sociales, para saber si los rumanos en general creen que la revolución de 1989 mereció la pena, o no…

Un pensamiento en “Rumanía (18): 1989

  1. Yo no puedo dejar de sentir cierta lástima al ver a esos dos ancianos siendo juzgados con dureza por “la nueva ley” (como todos los ancianos). Y eso pese a tener sobradas razones para creer en las acusaciones del tribunal. Algo parecido me pasó con el video de la ejecución de Sadam Hussein. Pero hace falta ser consciente del motivo de esa lástima, y de cómo los tiranos logran muchas veces conmover a los demás en su infortunio, cuando a ellos nada logró conmoverlos. Su truco consiste siempre en despersonalizar, en convertir a sus víctimas en un mero número, mientras reivindican para sí mismos (con éxito) la condición humana, más aún, la de símbolo dramático de la condición humana.
    Por eso, creo que en política hace falta poner distancia de los propios sentimientos: su supuesta inmedatez es una coartada demasiado grata al totalitarismo.

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