El edificio (37)

Por los huecos de los ascensores del edificio suben y bajan los monos. Para ellos no hay barreras, no hay divisiones en el edificio: el edificio entero es su territorio. Allí donde un albino de los círculos intermedios se detiene, porque hay demasiada luz, un mono corre feliz, porque hay luz; allá donde un hombre de los pisos superiores se detiene, porque el olor a cuero y a sudor y a cable quemado se le hace insoportable, los monos llegan sin problema, porque se reconocen en ese olor a cuero, a sudor y a cable quemado. Algunos mueren atropellados por los ascensores, pero siempre hay otros monos para sustituirlos, y a veces los monos son tantos que detienen los ascensores con sus patas. Fallo técnico, dicen, vienen los encargados con sus herramientas y con unas cosas que si no supiéramos mejor pensaríamos que son escopetas. En realidad, los monos son quienes mejor se adaptan al edificio; casi se podría decir que el edificio ha sido construido a la medida de los monos; los seres humanos, entonces, solo serían un parásito indeseable.

El edificio (36)

En un piso no de los más altos (pero tampoco de los más bajos) del edificio nace un niño; los padres lo acunan, lo abrazan, están felices, es un niño rosado, peludito, llora abriendo mucho la boca. Llegan unos hombres bien vestidos; les dicen: este es el edificitario un millón, o diez millones, o cien mil millones (no importa el número que digan, es mentira, o mejor dicho, es tan mentira como verdad: es incierto). Los padres de la criatura sonríen, les hacen fotos, les preguntan, ¿ya han pensado en un nombre? Samuel, se llamará Samuel. Los hombres se ríen. ¡No se llamará Samuel, qué tontería! Se hacen fotos todos juntos, les regalan ropitas y zapatitos y un carro demasiado grande para los pasillos del edificio. Confetti. A última hora de la noche, cuando las luces de los grandes atrios ya se han apagado, los hombres de traje se despiden y desaparecen en los ascensores, que van hacia arriba, siempre hacia arriba. Entonces los padres de Samuel se dan cuenta de que ya no tienen a Samuel (que efectivamente nunca sabrá que se llama Samuel, así que no se llama Samuel). Nunca vuelven a verlo, pero la madre pronto volverá a quedarse embarazada y esta vez el edificio no manda ningún emisario.

El huésped (21)

Tabla del dolor en el lado izquierdo del abdomen, anotado con espantosa regularidad y ningún criterio científico.

1 1.35
2 1.31
3 2.74
4 2.52
5 2.23
6 1.83
7 1.07
8 1.51
9 1.26
10 1.66
11 1.35
12 2.03
13 1.48
14 4.86
15 7.40
16 8.26
17 6.16
18 4.89
19 2.23
20 1.43
21 1.09
22 3.42
23 1.32
24 2.65
25 1.73
26 1.67
27 2.44
28 1.91
29 1.79
30 1.78

El edificio (35)

Las mujeres albinas de los círculos intermedios son muy apreciadas para realizar ciertos servicios en los demás círculos del edificio, no solo por la blancura brillante de su piel, ni por la ausencia casi total de pelos en su cuerpo, ni por la sensibilidad de sus manos de mujeres (casi) ciegas, sino porque se dice que son particularmente flexibles, lo que les permite hacer cosas que el resto de mujeres, ya sea dentro o fuera del edificio, no consiguen hacer. Qué sean esas cosas, es algo que no sabe muy bien; muchas de las historias que recorren el edificio son probablemente leyendas sin fundamento, y quienes efectivamente han probado sus servicios no lo cuentan, por motivos obvios. Sí se sabe que a veces estas mujeres albinas mueren en el transcurso de los servicios, por causas igualmente desconocidas, y sus cuerpos desaparecen por los huecos de los ascensores en dirección al sótano; nadie las busca.

El huésped (20)

De la Wikipedia:

Masculino

El sexo masculino es un término de biología que denota al sexo que produce espermatozoides o polen, un ser vivo (animal o vegetal) que posee órganos reproductivos masculinos.

El símbolo comúnmente utilizado es ♂ (Unicode: U+2642), un círculo con una flecha orientada al noreste. Se trata de una versión estilizada del dios Marte, representando un escudo y una lanza.

El concepto de masculino en gramática

El género masculino es un término de gramática. En los nombres y en algunos pronombres, es el rasgo inherente de las voces que designan personas del sexo masculino, animales macho y, convencionalmente, determinados objetos o cosas. En algunos adjetivos, determinantes y otras clases de palabras, es el rasgo gramatical de concordancia con los sustantivos de género masculino.

Véase también


Del Diccionario de la Real Academia

masculino, na

Del lat. masculīnus.

1. adj. Perteneciente o relativo al varón. La categoría masculina del torneo.

2. adj. Propio del varón. Unas manos masculinas.

3. adj. Que posee características atribuidas al varón. Presume de ser muy masculino.

4. adj. Dicho de un ser: Dotado de órganos para fecundar.

5. adj. Perteneciente o relativo al ser masculino. Célula masculina.

6. adj. Gram. Perteneciente o relativo al género masculino. Sustantivos y adjetivos masculinos. Forma masculina.

7. m. Gram. género masculino. La desinencia -o es marca de masculino en algunos sustantivos.

8. m. Gram. Forma correspondiente al género masculino. El masculino y el femenino de artista coinciden.

género masculino
seudohermafrodita masculino


De Yahoo Answers:

¿Me duele mucho el área de los ovarios, pero… soy hombre ¿que tengo?

Hola, tengo un problema, me duele mucho el area por donde se encuentran los ovarios en las mujeres, pero soy hombre, también tengo problemas en la orina, no es continuo, es por “chorritos” es muy incómodo, ¿que podré tener? tengo 50 años

Respuestas

Mejor respuesta:  si que sos bruto si eres hombre no tienes ovarios, cuidate puede ser problema con la prostota

El edificio (33)

¿Cuánto cuesta un apartamento en el edificio? Esta pregunta no tiene sentido: el edificio no se vende. No es que en el edificio no exista la propiedad privada, existe y se defiende con pasión, con vehemencia y con las armas si hace falta. Pero para ser edificitario hace falta algo más que dinero, aunque el dinero marque tu posición en el edificio. Los edificitarios, a pesar de sus diferencias, se reconocen a sí mismo como edificitarios; miran a los que no lo son con altivez o compasión, pero nunca desde la misma altura. Es posible ascender o descender en el edificio, pero tampoco eso lo marca exactamente el dinero, sino otra cosa o conjunto de cosas. La moneda más usada en el edificio no es de papel o metal, pero tampoco es una abstracción como la nobleza, el orgullo o la pureza. Quien vive en el piso más alto del edificio no es necesariamente el más rico ni el mejor, pero el resto de edificitarios agachan la cabeza respetuosamente cuando pasa.