El edificio (43)

El edificio es tan alto que se hace sombra a sí mismo.

La construcción del edificio dio origen a un nuevo calendario: el sol no gira alrededor del edificio, no hay motivo para que siga organizando el tiempo de los edificitarios. (La luna es un adorno del edificio, como un pendiente o una pulsera) Las propias ideas de día, semana, mes, año, carecen de significado. En el edificio el tiempo se cuenta en función del edificio, el punto 0 es el de la construcción del edificio, y a partir de ahí, todos los demás. Lo que ocurrió antes del edificio no existe, y si existió no interesa.

El edificio es tan alto que anula la historia.

El edificio (42)

En un día normal (si es que eso ha existido alguna vez en la historia) el edificio se divide en dos. Por fuera, y visto desde cierta distancia (digamos, desde Saturno), ofrece una apacible imagen de estabilidad, a pesar de la leve ondulación de la aguja, que se mantiene incluso en los días de menos viento; por dentro, los habitantes del edificio se mueven constantemente por él como un picor, en trayectorias circulares en sentido literal o figurado, horizontales, verticales, laterales, zigzagueantes, cada vez más aceleradas. Las dos imágenes del edificio son verdaderas; las dos son falsas.

El huésped (24)

-Hola, mamá.
-No te imaginas la última ocurrencia de tu padre.
-Hola, mamá.
-Hola, hijo. No te imaginas la última ocurrencia de tu padre.
-Qué…
-Pues nada, que le ha dado por obsesionarse con su muerte. Y con el funeral. Y con lo que vamos a hacer con su cadáver cuando se muera.
-Bueno, mamá, es normal que a cierta edad…
-Que no lo incineremos, dice, que quiere que compremos una tumba en propiedad y lo enterremos y que tenemos que prometerle que los demás también vamos a ser enterrados en esa tumba. ¿Te das cuenta? ¡Como si no hubiera más cosas en las que pensar que en su cadáver! ¿A quién le importa ese saco de huesos?
-Hombre, mamá, también tiene parte de razón.
-¡Que compremos una tumba! ¡Primero un coche, ahora una tumba! ¿Quién se cree que somos, los Onassis?
-Últimamente me he dado cuenta… Creo que el cuerpo nos define. No podemos separar lo material de lo no material… si es que hay algo no material. A veces un pequeño cambio en nuestro cuerpo…
-Siempre te pones de parte de tu padre.
-No es eso, mamá…
-Sí es eso. Siempre te pones de parte de tu padre. Seguro que también piensas que tenemos que comprar un coche nuevo.
-No, mamá, lo que digo es… Lo que digo es que cuando nos miramos al espejo, lo que vemos es nuestro cuerpo, aunque pensemos que realmente somos otra cosa que hay por debajo.
-Tú eres muy guapo, no tienes que preocuparte por esas cosas.
-Gracias, mamá.
-Yo en cambio…
-Mamá, no empieces.
-¡Mi cuerpo sí que está sufriendo cambios, y no son pequeños! No sé de qué os quejáis los hombres…
-Mamá…
-Qué…
-Te quiero.
-Yo también te quiero, hijo.
-Dile a papá que también le quiero… con cuerpo y todo.
-Siempre te pones de su parte. No sé para qué te cuento las cosas.
-Un beso, mamá.
-Un beso. Adiós

El edificio (41)

Un tornado se queda enganchado al edificio, girando en torno a él como un molinillo. Alimentado por vientos del norte y del oeste, el tornado dura siete años y medio. Durante ese tiempo, los pisos inferiores del edificio viven en una oscuridad casi absoluta; el viento y la lluvia golpean los cristales y los hacen retumbar día y noche. Una ventana del piso 78 cede a los elementos y se rompe, algo que parecía inimaginable hasta ese día; los círculos exteriores de ese piso y de los cinco inferiores quedan completamente anegados; mueren ochenta y dos personas y seis albinos. Después de siete años y medio, el tornado empieza a remitir, a deshilacharse. Los pisos inundados nunca pierden completamente el olor a humedad; se los conoce como “los pisos blandos”. (Cuando las historias del tornado llegan a los pisos superiores, donde nunca dejó de brillar el sol, creen que se trata de un mito: el mito del diluvio universal que todas las civilizaciones parecen compartir; y como han sobrevivido, se consideran parte de los justos).

El edificio (40)

En el edificio hay una única biblioteca, que ocupa verticalmente los dos anillos más interiores de los pisos 157 a 193. Los diferentes pisos de la biblioteca están conectados por dos ascensores exclusivos, uno para personas y otro para libros. Cuando se construyó y se inauguró el edificio, la biblioteca contenía o pretendía contener todo el saber del mundo, como la Biblioteca de Alejandría o la de Babel. Con el tiempo el edificio comenzó a producir sus propios libros, y muchos de los más antiguos tuvieron que ser descartados (por el primitivo método de tirarlos por el hueco del atrio del edificio) o archivados en cajas que después se comieron unos animales parecidos a las polillas pero más viscosos. En la actualidad, la biblioteca del edificio se divide en dos grandes secciones: edificiología y ficción.

El huésped (23)

En qué momento empezó a tener esa sensación de irrealidad:

-El día que le dijeron que tenía un ovario

-El día que empezó a dolerle el costado izquierdo del abdomen

-El día que conoció a la chica que le gusta en la oficina

-El día que comprendió que Fluzo no era un gato normal

-El día que su madre le dijo por primera vez que su padre quería cambiar de coche (como si el coche de siempre, la realidad de siempre, ya no sirviera)

-El día que adoptó a Fluzo, pensando que era un gato normal

-El día que empezó a trabajar en la oficina, aunque todavía no se hubiese fijado en la chica que luego vendría a gustarle

-El día que nació Fluzo, aunque entonces no se llamase Fluzo ni fuese su gato

-El día que su comprendió que su madre no era una madre normal (era domingo, estaban comiendo los tres juntos sus padres y él, cuando terminaron de comer su madre trajo el postre, había hecho galletas, galletas, galletas, ocho bandejas de galletas, todas quemadas como carbones, su madre se echó a llorar)

-El día que comprendió que su padre no era un padre normal (no se acuerda qué día de la semana era, pero sí que era por la tarde, su padre estaba conduciendo, pasaron enfrente de su escuela, su padre paró el coche, le dijo, aquí te quedas, hoy duermes en la escuela, él le miró y se rió, pensando que estaba bromeando, pero su padre no bromeaba, vamos, sal del coche, él ya no se reía pero sonreía, pensando no me vas a pillar, es una broma, su padre seguía serio, serio, luego cogió el volante, arrancó el coche, volvieron a casa)

-El día que él nació, con el germen del ovario en el costado izquierdo del abdomen (o con el ovario mismo, es difícil saberlo)

-El día que sus padres se conocieron, y se reconocieron.

Conclusión: siempre se puede ir más atrás; por mucho que intentemos perseguir a la realidad, acorralarla, fijarla, la realidad siempre es más rápida y se escapa.

El edificio (39)

En las escuelas del edificio, en particular en sus pisos más altos, los profesores se enfrentan con un dilema: ¿deben hablar a sus alumnos de la vida fuera del edificio? ¿Deben hablarles del Polo Sur y de la Revolución Francesa y del hipopótamo? Si lo hacen, corren el riesgo de que los alumnos piensen que la jirafa es un animal tan ficticio como el unicornio, o tan antiguo como el diplodocus, y eso sería confundirlos; si no lo hacen, corren el riesgo de que los alumnos piensen que fuera del edificio no hay nada; que el edificio es el universo, que solo el edificio es real, y eso sería confundirlos. Entre las dos confusiones, los maestros escogen la menor, pero con el tiempo ellos mismos van dejando de saber cuál de las dos confusiones es más grande, y cuál es menos confusa que la otra.