Imposibles impensables redux (bonus): Un fetiche

Siendo niño, el quicio de una puerta que se cierra de golpe le arranca de cuajo la falange del dedo índice de la mano derecha. Intenta reimplantársela, pero no lo consiguen. Se acostumbra a vivir sin ella, a pesar de las burlas de los niños, y ni siquiera siente el dolor fantasma de los amputados.

Años más tarde, cuando ya es un hombre adulto y sexualmente activo, descubre que le gusta meter ese dedo, o esa parte del dedo que le falta, en el culo de las chicas con las que se acuesta. Y lo que es más sorprendente: descubre que a ellas también les gusta. Es ponerles el dedo fantasma en el culo, y verlas gemir y retorcerse y gritar de orgasmo en orgasmo.

La primera vez piensa que la chica está fingiendo; cuando pasa con varias chicas distintas, se convence de que ahí hay algo, porque además, ¿cómo iban las chicas a saber en qué momento exacto estaba él metiéndoles el no-dedo por el culo?

A partir de ese momento, se dedica a navegar por foros y blogs en busca de mujeres amputadas, porque él también quiere gemir y retorcerse y gritar de orgasmo en orgasmo. Amputadas las encuentra, y a todas les mete el no-dedo por el culo y todo bien y tal. Pero su contraparte, su mujer con un dedo mágico, no aparece.

Un día decide meterse su propio no-dedo por el culo, algo que hasta ahora no ha hecho por miedo a las consecuencias. Lo hace: no pasa nada. Suspira decepcionado, pero también con alivio, porque si llega a funcionar…

Imposibles impensables redux (150): Instrucciones para destruir el mundo

1.- Consigue una cabra. Siempre tiene que haber una cabra.

2.- Intenta no morirte hasta llegar al punto 10; esto es fundamental, porque si te mueres no podrás destruir el mundo.

3.- Cambia el valor de π, de 3,141592 a 2,99, y di que tiene descuento. Verás qué risas.

4.- Coge un machete. Afílalo. Sigue afilándolo. Cuando esté lo bastante afliado, ya sabes lo que tienes que hacer. LO SABES.

5.- Dales la vuelta a todos los calcetines, y cuando estén dados la vuelta dales la vuelta otra vez. Lo que pasará entonces te sorprenderá.

6.- No le digas nunca a nadie que le quieres. Nunca. A nadie. (Bueno, a la cabra sí puedes decírselo)

7.- Abre la puerta a las fuerzas que operan en el otro lado; déjalas entrar. ¿Dónde está la puerta? Por todas partes. La puerta está por todas partes.

8.- Bate las claras a punto de nieve. Ah, no, perdón, eso era de otra lista.

9.- Dale de comer a la cabra, anda, que te está destrozando los geranios.

10.- Espera unos cuantos billones de años, hasta que el sol se convierta en un gigante rojo. Y ya está, habrás destruído el mundo. Mua. Ja. Ja.

Imposibles impensables redux (149): La princesa nigeriana

Sentada frente a su ordenador, la princesa nigeriana escribe email tras email, hasta que se le rompen las uñas y se le duermen los dedos. “Bendito en Cristo te saludo”. Tiene estos millones de dólares retenidos en una cuenta por su malvado tío, el rey, necesita sacarlos del país, necesita salir del país, ¿por qué nadie la ayuda? Escribe y escribe hasta que se le agarrotan las muñecas. “Mi marido un buen hombre murio el año pasado”. Enviar. Enviar. Enviar. Y no recibe respuesta. ¿Cómo es posible que no reciba respuesta? En la torre de su palacio, con ADSL de alta velocidad y fibra óptica, llora cada noche. ¿Es porque soy negra?, piensa. Sí, seguro que es porque soy negra. Si fuera blanca y me llamase Sarah Smith aceptarían mis millones sin dudarlo, me aceptarían a mí, mi cuerpo, mi espíritu, mi linaje. Pero soy negra. “Si el señor me enviase sus datos personales yo podría”. Su tío, el rey, lee cada mensaje que sale del correo de la princesa; se ríe. A la princesa se le curva la espalda sobre el teclado; está ya deformada por la espera. ¿Cuántos millones de mensajes? ¿Le queda todavía alguna esperanza? Pero escribe, escribe, escribe, no tiene otra cosa que hacer en la vida. “El amor de Cristo te ayude y te aconseje”. Enviar.

Imposibles impensables redux (148): París nã há mais

En torno al año 2100 París se volvió definitivamente inhabitable: los precios de las casas habían subido tanto que el alquiler de un mes costaba el sueldo medio de seis; la avalancha de turistas hacía impracticable los transportes, y la contaminación provocada por el tráfico había sumergido la ciudad entera en una nube de polvo y ceniza impenetrable: desde el quinto piso de la torre Eiffel no se conseguía ver el segundo piso de la torre Eiffel.

Así que el gobierno de París, en un movimiento que contrariaba siglos de centralismo, decidió trasladar los servicios públicos y las oficinas gubernamentales a ciudades como Lyon, Burdeos, Marsella, Nantes, Niza… El hecho de que el 99% de los trámites oficiales se hiciese online desde varias décadas antes también ayudó…

La población de París (o sea, los que no vivían en suburbios a dos o tres horas de distancia), abandonó definitivamente París. Quedaron algunos barrios conflictivos de los que la gente no quería salir (y que fueron combenientemente bombardeados por las autoridades), pero todo el centro de la ciudad quedó desierto.

La contaminación terminó de posarse en 2133 (así lo dictaminó por lo menos un informe oficial) y algunos servicios mínimos volvieron a ponerse en funcionamiento en 2141. Hoy los turistas siguen visitando París, como se visita Macchu Picchu o Pompeya, como vestigios de una civilización antigua que fue sepultada por sus errores o por la furia de la naturaleza.

Imposibles impensables redux (147): El pingüino fumador

El pingüino fumador es una subespecie del pingüino emperador; como él, vive únicamente en la Antártida, pero la diferencia es que, en vez de realizar las largas marchas reproductivas típicas de los pingüinos emperadores, los pingüinos fumadores se quedan tumbados junto a un acantilado con un cigarrillo en el pico y mirando hacia el atardecer.

Los biólogos marinos han buscado largamente una explicación a este extraño comportamiento (en particular, ¿cómo obtiene los cigarrillos?) y finalmente han decidido usar el camino más rápido: preguntarle al pingüino. “Señor pingüino, señor pingüino, ¿por qué no hace usted el viaje instintivo de apareamiento?” “Qué más da”, les contesta el pingüino con la voz ronca de tanto fumar, “total, me voy a extinguir igual…”

Y es cierto que el pingüino fumador sí se está extinguiendo, pero no por culpa del cambio climático ni del vicio del tabaco, sino por un extraño parásito que les nace en el culo, y que se los come por dentro a partir de ahí. Los veterinarios que han estudiado este fenómeno no se explican a qué coño viene eso.

Imposibles impensables redux (146): Mensaje

En 1926, un objeto extraterrestre impactó en el mar del Caribe, provocando un pequeño tsunami y unas cuantas noticias en periódicos locales y regionales. (No era todavía la era de Youtube y los móviles). La armada estadounidense rescató el objeto del mar y lo llevó hasta Florida para que fuera estudiado.

Expertos venidos de Alemania, Rusia, Francia e Inglaterra estudiaron el objeto; entre el amasijo metálico que lo componía, consiguieron encontrar un disco dorado, algo deformado por el impacto pero recuperable. El formato parecía semejante al de un disco de fonógrafo; lo intentaron y, después de algunos retoques, consiguieron que el disco emitiese sonidos reconocibles: sonidos sin duda terrestres.

Unos días más tarde, reconstruyendo otros pedazos calcinados y retorcidos del objeto, consiguieron identificar una palabra (Voyager) y una fecha (1977).

Unas semanas más tarde, los expertos volvieron a sus países con la información recopilada. Ese día comenzó la carrera espacial. Alguien, algún país, no importaba demasiado cuál, tenía que conseguir lanzar la sonda Voyager en 1977; porque la perspectiva de que no lo hicieran, de que un objeto llegase a la Tierra sin ni siqueira haber salido de ella nunca era, simplemente…

Imposibles impensables redux (145): Cosas

Esas cosas tienen pestañas. Si tuvieran solo ojos, podrían ser simplemente cosas (los enchufes a veces parecen tener ojos, los coches parecen tener ojos, las lámparas pueden parecer ojos tuertos). Pareidolias. Pero estas cosas tienen pestañas. Pestañas. Pestañean. Pestañas largas (no solo ojos), pestañas que cuando se mueven provocan vientos, tornados. Estas cosas no miran porque no tienen ojos (tienen pestañas). Pestañean. Tienen pestañas. ¿Ya lo he dicho?

Imposibles impensables redux (144): Avenidas

Al Presidente se le antojan avenidas, muchas avenidas, enormes, anchas, de veinte carriles cada una; las avenidas son la modernidad. No queremos ser como Roma, Jerusalén o Lisboa, dice, sino com Nueva York, Londres o Buenos Aires. Así que al día siguiente manda derribar los barrios que le incomodan, los más antiguos de la ciudad, que no son apropiados para las avenidas que sueña. Los habitantes de estos barrios no protestan, y si protestan el Presidente no deja que lo contemos; las casas desaparecen entre escombros y nubes de polvo; las excavadoras trabajan día y noche; también la policía disolviendo manifestaciones que ya he dicho que no existen, porque el Presidente no permite que existan.

Cuando termina la demolición y empiezan a retirar los cascotes, los ingenieros descubren asombrados que debajo del barrio más antiguo de la ciudad ya había unas primitivas avenidas, cubiertas por las actuales callejuelas. El Presidente usa este descubrimiento en su provecho: ¿veis cómo las avenidas no solo son lo más moderno, sino también lo más auténtico, lo más nuestro, lo más verdadero? Lo que no dice, porque no se acuerda o porque no le conviene, es que hace algunos años él mismo mandó construir esos barrios tan antiguos encima de esas avenidas tan modernas, porque en aquella altura quería ser como Roma, como Jerusalén, como Lisboa.

Pero eso no se puede decir, y por lo tanto yo no puedo escribirlo

Imposibles impensables redux (143): La torre

Era una torre, te lo juro, veinte veces más alta que la torre más alta construida hasta entonces. Veinte millones de metros de alto, tenía; no, tanto no, pero sí era muy alta, altísima. Para construirla trajeron a trabajadores de todo el mundo, esclavos, quiero decir. Las condiciones eran terribles, pero la fuerza se imponía y la torre seguía subiendo.

Luego dicen que hubo una revuelta, alrededor del piso doscientos, no sé, cincuenta, quinientos, los números no significan gran cosa en realidad. Hubo una revuelta. Los trabajadores se hicieron con el control de la torre. Y siguieron construyendo, porque era lo que sabían hacer, pero siguieron construyendo a su manera.

En lugar de construir en vertical, empezaron a construir en horizontal. Construyeron un nuevo suelo suspendido a dos mil metros de altura. Todo el mundo esperaba que la torre empezase a tambalearse y se cayera en cuanto se levantara una mínima brisa, pero sorprendentemente la torre aguantaba, porque los trabajadores sabían lo que hacían (los trabajadores eran los únicos que sabían lo que hacían).

Y la construcción horizontal iba expandiéndose, y pronto se vio que estaban construyendo una ciudad (la ciudad), allí invertida en las alturas; y que para ello estaban destruyendo la ciudad, la de aquí abajo, porque si no ¿de dónde iban a sacar los materiales? Y la ciudad de los trabajadores, allí arriba, iba creciendo boca abajo, y la ciudad antigua se iba quedando en ruinas y despoblada, porque la gente vio lo que pasaba y se mudó a la nueva ciudad para salvar la vida y la honra.

No sé cómo termina la historia, la verdad; no sé si los trabajadores terminaron su torre y su ciudad y ahora todos vivimos en ella, o si al final los constructores consiguieron recuperar el control y tirarla abajo A lo mejor vivimos en la ciudad invertida, cabeza abajo, sin saberlo. A lo mejor todo sigue igual que siempre. A lo mejor todo esto es mentira.